Comprendí entonces que no había conflicto bélico más bonito y más destructivo que el roce de nuestros labios, y que la expresión "hacer el amor" pasó a ser el tanque de nuestro corazón. Y es que tus ojos habían dejado a la Segunda Guerra Mundial en pañales, joder. Y yo resistía la furia de tanta muerte en cualquier trinchera alojada en tu espalda.
Al tiempo dejé de luchar... ya la pólvora no sabía a amor; la guerra había acabado, la nuestra, la del amor, digo.
Quiero decir que de esta guerra se sale blindado, y la prueba está en todos aquellos corazones de acero que consiguieron volver a casa. Que todos somos en algún momento soldados de guerra en esto del amor, y que ahora sé, sin duda, que es "el mejor trabajo del mundo".
Escrito realmente el 11 de enero del 2015.
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